Las reuniones como ritual

iifac-blog-marzo2017

Considera por un momento la posibilidad de que las reuniones sean rituales.

Al decir rituales no me refiero a los ritos religiosos, aunque estos también son rituales. Tampoco me refiero a las rutinas personales, tales como cepillarse los dientes, en especial las que se realizan inconscientemente, que se han convertido en hábitos. Para los propósitos de esta reflexión, se define ritual como una práctica cultural repetible, un acto específico realizado en una ocasión determinada. Los rituales son comportamientos culturalmente codificados que nos dan un sentido enaltecido de identidad y significado. Los rituales nos ayudan a definirnos como comunidad; nos recuerdan quienes somos, cómo comportarnos y qué tiene valor primordial.

La especie humana se ha inventado a sí misma a través del ritual. Las culturas humanas son producto de rituales – y el ritual es nuestro producto cultural fundamental. Debido a que los rituales moldean y reflejan la evolución cultural, son una fuente rica de información acerca del orden social y una herramienta poderosa para su transformación. Estoy sugiriendo que las reuniones son uno de los rituales dominantes de nuestros tiempos y por lo tanto, si son utilizadas adecuadamente, pueden servir como un instrumento efectivo para el cambio social y cultural.

¿Qué tal si viéramos a las reuniones —entendidas como reuniones para hablar sobre cuestiones de importancia compartida y para tomar decisiones colectivas— como una necesidad humana básica, como el alimento, el sueño o el sexo? ¿Qué tal si las reuniones no fuesen tratadas como una aburrida obligación sino como algo fundamental para la sobrevivencia? ¿Qué tal si las reuniones nos conectaran con nuestras profundidades psíquicas, con nuestra comunidad local y con el gran misterio? ¿Qué tal si las reuniones nos recordaran lo que es sagrado, lo que debe ser apreciado y protegido? ¿Cómo podrían ser diferentes las reuniones si las viéramos como una oportunidad para educarnos, guiarnos, nutrirnos y curarnos a nosotros mismos? ¿Qué tal si entráramos a las reuniones con pasión, reverencia, y una sensación de que nuestra participación es de vital importancia?

El eslabón entre el mito y el ritual

Los mitos son las “grandes historias” que contamos acerca de nuestro papel en el viaje evolutivo del universo. Son las narrativas que, al unirse al ritual, crean una red de significado de la cual surge nuestra identidad individual y colectiva. Somos las historias que contamos y los rituales que realizamos. Así que, ¿cómo podemos aprovechar el poder dual del mito y del ritual para hacer que nuestras reuniones sean más tolerables?

El temor y aversión al ritual – y a las reuniones

A medida que las culturas locales de todo el planeta han sido marginadas e incluso erradicadas por los intereses de las corporaciones multinacionales y los gobiernos que las sirven, muchos rituales han perdido su conexión con lo sagrado. Muchos de nosotros ya no celebramos la luna llena, el solsticio, la cosecha o el regreso de las aves migratorias. En cambio, acudimos en manadas a los centros comerciales, llenamos al tope los estadios deportivos y acudimos a reuniones horribles, aburridas, embarazosas, opresivas, enajenantes y exasperantes.

Los rituales practicados en la mayoría de las reuniones producen un determinado tipo de sufrimiento. Quienes toman decisiones, que saben de antemano lo que planean hacer, necesitan fingir que escuchan las opiniones de los otros. Los participantes son obligados a sentarse en reuniones en las que es obvio que sus ideas, si acaso son expresadas, no tendrán ningún impacto real en la decisión final. La gente habla mucho o nada en absoluto. Las agendas están demasiado llenas, pobremente organizadas o son inexistentes. Las discusiones ondulan de un lado a otro, las prioridades no son claras y el proceso de toma de decisiones oscila entre el despotismo y la anarquía. ¡Y así siguen!

Aplicar los criterios para un buen ritual a las reuniones

Aquí hay algunas de las lecciones que podemos aprender de los “buenos” rituales, entendidos como los que nos inspiran y llenan de energía, que pueden hacer nuestras reuniones más significativas y exitosas.

  1. Ten claro el propósito. En general, quienes asisten a una boda tienen claro el propósito del ritual. No lo confunden, por ejemplo, con un partido de fútbol. ¿Tenemos claro el propósito verdadero de la reunión de ventas del lunes por la mañana? Si lo tuviéramos (y tuviéramos la opción), ¿nos molestaríamos en asistir?
  2. Conoce tu papel. Los padrinos en un bautizo entienden que se están comprometiendo a la educación espiritual continua del niño. ¿Cuál es el papel de quienes asisten a una reunión de condóminos? ¿Quejarse de sus vecinos? ¿Escuchar los reportes del comité? ¿Asesorar a la mesa directiva? Si su rol fuese claro, ¿se comportarían de manera diferente?
  3. Planifica con anticipación. Los buenos rituales necesitan una preparación cuidadosa. Una reunión donde la habitación está limpia y las sillas en su lugar, donde se ha preparado un borrador de agenda, la gente correcta está presente y los materiales necesarios están a mano, ofrece un escenario para una sesión efectiva.
  4. Conviértela en algo especial. Los rituales transforman lo ordinario en algo especial. Cuando nos tomamos la molestia de poner flores sobre la mesa, hacer galletas para los descansos o sencillamente recibir a la gente que llega con una sonrisa, enviamos el mensaje de que la belleza, la dedicación y la conexión humana son algunos de los valores que guían nuestro trabajo.
  5. Toma tiempo para centrarte. El mundo está lleno de dificultades y distracciones que deben hacerse a un lado para poder entrar al espacio del ritual. Un momento de silencio puede ayudar a traer a todos “dentro del salón” y a enfocarse sobre el motivo que los trajo allí.
  6. Modifica el tiempo y la textura. Los rituales pueden ser cortos o largos, formales o improvisados, complejos o sencillos. Los formatos de nuestras reuniones deben variar de acuerdo con su propósito.

El facilitador de reuniones como líder del ritual

Si las reuniones son un ritual contemporáneo, entonces el facilitador puede ser considerado como una especie de “sacerdote/sacerdotisa” que ayuda a dar el tono, mantiene el enfoque y guía al grupo a través de las varias etapas de su trabajo. Un facilitador novato, al igual que un sacerdote recientemente ordenado, puede estar algo inseguro al comienzo. Un facilitador con mayor experiencia puede manejar grupos mayores y más complejos. Un facilitador avezado que ha hecho su trabajo interno, puede desempeñar el rol de Chamán, acompañando al grupo a través de la confusión y la confrontación hasta que se llegue a una resolución. Una reunión larga o compleja, como una “gran” ceremonia, requiere un equipo experimentado de facilitadores, así como otros roles del proceso, para mantener la energía.

Si, como se sugirió al inicio de este artículo, las reuniones son prácticas culturales codificadas, entonces pueden ser modificadas para satisfacer los apremios de la época. Necesitamos reuniones que inviten al diálogo, promuevan el entendimiento, alienten la colaboración, estimulen la creatividad, y satisfagan nuestra necesidad fundamental de significado y pertenencia. Necesitamos reuniones que involucren a nuestros corazones y mentes, y nos den la oportunidad de hacer un cambio positivo en el mundo. Si nos conformamos con menos, estamos perdiendo nuestro tiempo.

¿Te resuenan estas ideas? Por favor, comparte tus pensamientos sobre el concepto de reuniones como ritual.

Artículos relacionados

Deja un comentario


iifac logo

linkedinfacebooktwittergoogle+youtube

Inicio     |     Acerca de IIFAC     |     Preguntas Frecuentes     |     Servicios     |     Productos     |     Recursos gratuitos     |     Contacto

Calle Doctores no. 99A casa 8, Colonia Lomas de Jiutepec. Jiutepec, Morelos CP. 62566 | Teléfono: (+52) 777 320 6712

Nuestro logo muestra un glifo Azteca que representa el sol. Esta imagen dorada evoca su poder transformador y nos recuerda la rica historia y cultura de México.