Similares pero no idénticos: oradores, capacitadores y facilitadores

A primera vista, los papeles de orador, capacitador y facilitador parecen muy similares.

  • Todos implican estar parados frente a un grupo y hablar.
  • Todos requieren excelente capacidad de comunicación.
  • Todos exigen confianza en nosotros mismos sin arrogancia, combinada con respeto hacia las personas a quienes servimos.
  • Todos requieren permanecer centrados cuando enfrentamos desafíos.
  • Todos nos desempeñamos mejor cuando nuestras competencias profesionales se corresponden con calidez humana y sentido del humor.

Dadas las similitudes de estas competencias, es fácil ver por qué muchos profesionales (yo misma incluida) ofrecen todos estos servicios – y a veces luchan para mantenerlos separados.

Tener totalmente clara la diferencia entre los papeles de orador, capacitador y facilitador es importante si tú:

  • Contratas estos servicios – para saber qué competencias y resultados requieres.
  • Brindas estos servicios – para poder ayudar a tus potenciales clientes a definir lo que necesitan (aunque ellos confundan los términos).
  • Consumes estos servicios como miembro de un grupo – para poder anticipar lo que el capacitador/orador/facilitador te va a pedir.

Comencemos mirando este cuadro (muy simplificado):

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Aun en un vistazo, es obvio que algunas de las categorías se superponen. Por ejemplo, los oradores a menudo están en la agenda de una reunión. Los buenos capacitadores comparten el deseo del orador de informar e inspirar a medida que desarrollan las capacidades de sus alumnos. De forma similar, los mejores capacitadores usan técnicas de facilitación para alentar la participación en la clase y apoyar el proceso de aprendizaje.

¿Quién habla más?

Tal vez la característica que marca la principal diferencia entre el orador, el capacitador y el facilitador es la cantidad de tiempo que cada uno pasa hablando mientras hace su trabajo. Que los oradores principalmente hablan no es sorprendente; después de todo, es lo que están invitados a hacer. Para ellos escuchar está sobre todo limitado a las sesiones de preguntas y respuestas – suponiendo que no se les acaba el tiempo y saltean esa parte del programa.

Los capacitadores necesitan hablar para transmitir conceptos y competencias, pero también necesitan escuchar para descubrir si quienes están en la clase están aprendiendo o no. Su coeficiente hablar/escuchar, por lo tanto, está cerca de 50:50.

Los facilitadores, sin embargo, hablan muy poco durante una reunión. Sus intervenciones principales suceden en momentos específicos:

  • Al principio, para presentar el propósito, la agenda, las reglas de juego y los resultados esperados de la sesión.
  • Para explicar cómo se va a conducir una parte determinada de la reunión (en plenario, grupos pequeños, lluvia de ideas, discusión abierta, etc.).
  • Para resumir los puntos clave mencionados por los miembros del grupo.
  • Para guiar el proceso de toma de decisiones.
  • Para marcar dónde está el grupo en el proceso de la reunión y qué viene después. (“Después del descanso, vamos a tratar el [tema X]”).

Quienes llevan la mayor parte de la conversación son los participantes de la reunión. Y dado que muchos de ellos no son buenos para escuchar, habitualmente dejando de prestar atención a ciertos colegas o distrayéndose con sus teléfonos celulares, el facilitador debe escuchar por todos.

Los facilitadores de reuniones no deben, sin embargo, tomar partido en la discusión o expresar su propia opinión sobre los temas en discusión – mucho menos empezar a enseñar o dar un discurso.

Como profesionales, debemos tener claro qué papel estamos asumiendo, asegurarnos que nuestros clientes y público/alumnos/miembros del grupo entiendan lo que implica el papel, y luego cuando estamos frente al grupo, resistir la tentación de caer en otro.

Como dijo el psicólogo Daniel Goldstein, acerca de este tipo de auto-disciplina, “Es como un músculo. Cuanto más lo ejercites, más fuerte se vuelve”. Así que practiquemos quedarnos en uno de estos papeles por vez.

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